jueves, 4 de marzo de 2010

Prologo

I
Prologo
REFLEXIÓN DE LA APARIENCIA.

La habitación se tornaba tétrica, a pesar de los variados colores como carmesí y amarillo, se daba esa extraña sensación de oscuridad; no la oscuridad que existe cuando esta ausente la luz, mas bien, la oscuridad que invade nuestra alma cuando un ser querido se marcha, o despertamos de aquel sueño maravilloso, y nos damos percatamos que nuestra vida es una pesadilla. Tal vez aquella sensación la creaba, ese cielo negro y vacio, triste y desolado, como la realidad de aquel mundo.
En ese momento en el cual el tiempo no parecía correr, y en esa mismísima habitación se encontraba reposando en un extraño sillón, que para el significaba tal como si fuera un trono, aquella figura que a cualquiera sin conocerla, incluso inspiraría ternura y cariño, pero aquel, era conocido ya en los cinco mundos, solo generaría los peores sentimientos, incluso sentimientos no humanos, si bien su cuerpo estaba en reposo, su mente y su alma estaban más activos que en otro cualquier otra criatura cercana, tal vez siquiera lejana, era algo incomprensible para cualquiera.
Era estratega, sabía que tenía que llegar, tal vez tardara días, o incluso era cuestión de minutos; verdaderamente para el no importaba ¿qué tanto es una hora humana? mas envejecía a quien esperaba, que el mismo.
- basura humana – pensó para sí – cree que me hace esperar, ¿o acaso cree que me da el beneficio de la duda? ¿Esperara una negativa? – Reflexiono un segundo – imposible – dijo con aire de seriedad.
Era consciente de que, a pesar de la humanidad de su invitado, no era ignorante, lo cual, es común en dicha raza. Sonrió de manera terrorífica, aquel figura causaba esa extraña ternura, ya que su rostro era limpio y blanco, delgado y estético, de ojos azules y cabello muy oscuro, era un rostro angelical, pero a la vez generaba para quien lo conocía, sensaciones inmundas, en especial el mayor fastidio que causaba era cuando carcajeaba del miedo ajeno, causado por el, claro.
Un haz de luz entro de repente por la ventana al mismo tiempo que un saludo se escucho en aquella habitación.
- hola Sarfel – dijo una voz firme pero al mismo tiempo amable – veo que le he hecho esperar.
- así parece – dijo el anfitrión sin demostrar sorpresa alguna – de todas formas, es de humanos temer.
-si comenzamos con insultos – dijo el visitante con una picara sonrisa- es de Legnas traicionar.
-a callar – dijo con seriedad, dejando mostrar parte de su enfado – vino a hacer lo que sabemos, no a tener una exquisita conversación con mi ser
-así parece, es mejor dejar de perder el tiempo – dijo abalanzándose sobre Sarfel, aquel llamado “humano” de nombre Ayul.